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Reflexiones, Blog de ensouling


La Navidad: del Vacío a la Esencia

20/12/2016

La Navidad: del Vacío a la Esencia

 

El vacío en la Navidad

 

Una de las vivencias más interesantes que suceden cuando uno viaja a su interior es que todo va cambiando de sentido … muchas comprensiones antiguas caen, y poco a poco nuevos significados van surgiendo… significados más profundos … más reales.

 

En mi proceso de conexión interior, la Navidad también experimentó esa transformación.

 

Hubo una serie de años, en el que la celebración de la Navidad dejó de tener sentido, sentía un completo vacío en mi interior; la historia del nacimiento de Jesús como personaje creado por la iglesia y la tradición no me apelaba, la compra de regalos no tenía lógica, el exceso de comida generaba pesadez digestiva y lo único que quedaba de bello era el encuentro familiar.

 

 

Cuando la Navidad se queda en la forma

 

A día de hoy hemos llegado a un extremo en el cual uno puede encontrar artículos de autoayuda en los periódicos sobre cómo sobrevivir a la celebración de la Navidad sin estresarse en exceso, sin coger kilos, sin pelearse con la familia y demás desafíos que surgen en estas fiestas. En estas fechas uno puede comprar los menús, puede contratar quien le busque los regalos, y todo es ofrecido con el objetivo de hacer negocio e incentivar el consumo para cumplir con la forma de "como debería ser la Navidad".

 

El problema de este modelo que sólo se queda en la apariencia es que hay algo que no se puede comprar, y es el estado de ánimo interior, la felicidad, y la alegría de celebrar… pero celebrar ¿qué?, el aspecto religioso que era el que sostenía esta fiesta, para muchas personas ha dejado de tener sentido, sobre todo para aquellos que ya no encuentran en las formalidades religiosas inspiración.

 

En muchos casos lo único que mantiene esta celebración es la inercia de la tradición en su aspecto material. Cuando nos enfocamos sólo en ese aspecto de la celebración, llega un momento en que podemos sentir un gran vacío, ya que el ser humano es mucho más que materia.

 

Cuando la materia no está sostenida por la esencia, por el significado real y profundo del alma, la forma se degenera, se desintegra, apareciendo los extremos absurdos. Eso es lo que estamos viviendo no sólo con la Navidad, sino en todos los ámbitos de la sociedad; la forma y las estructuras que estamos empleando no están en sintonía con nuestra Esencia Espiritual, es por ello que experimentamos frecuentemente crisis. La Navidad se ha quedado en un ritual, que en vez de hacer crecer al ser humano y acercarlo más a su naturaleza esencial, lo mantiene en tradiciones que pueden llegar a ser  poco saludables.

 

Cuando uno experimenta la Navidad como un teatro sin sentido, quizás haya llegado el momento de parar y mirar más allá para volver a encontrarnos y descubrir en la ritual lo que realmente enaltece y merece ser celebrado, permitiendo que la forma evolucione de acuerdo al significado profundo.

 

Es para ello que es necesario pasar de la apariencia al símbolo que esconde detrás. Me detengo en profundizar en dos aspectos significativos de la Navidad: las fechas y el nacimiento de Jesús.

 

 

Volviendo a la Esencia a través de la Naturaleza

 

No hay mejor forma de volver a nuestra Esencia, que observando e inspirándonos a través de la naturaleza. Las estaciones y el efecto que éstas producen en la naturaleza, es similar a nuestro propio proceso evolutivo vital. Por tanto entender el aspecto simbólico de la celebración de la Navidad en una época concreta del año nos acercará al simbolismo que esconde.

 

Haré un breve recorrido para entender lo concreto dentro de lo global. Cada estación tiene su particularidad; con el comienzo de la primavera brotan hacia el exterior las primeras hojas y flores -ideas y comprensiones que nos ofrecen sentido y dirección en la Vida-. En verano todo crece y se expande con la luz del sol -integramos y vivimos lo anteriormente percibido en su plenitud-. En otoño las hojas poco a poco comienzan a caer -las percepciones aprehendidas anteriormente cumplieron su función y se nos quedan pequeñas, tenemos que empezar a desprendernos de ellas-. Le sigue el invierno donde a través del frio hay una fase de latencia y renovación de energía en el que lo nuevo se está gestando a otro nivel pero no es visible -es una fase de vacío y plena interiorización, antes de una nueva materialización de lo nuevo a otro nivel-.

 

Entendiendo este contexto, la fecha de la Navidad se convierte así en clave para entenderla, la Navidad se sitúa justamente cuatro días después del solsticio de invierno, el día más oscuro del año para el hemisferio norteEs tras este solsticio que acontece el "nacimiento de la luz" y los días empiezan a alargarse; después de una época de días más cortos y oscuros, empieza un nuevo ciclo de luz. Esta realidad que se manifiesta en el aspecto físico, nos puede inspirar para recordar o reconocer el nacimiento de la "luz en nuestro interior", nuestro potencial por descubrir, la claridad interior que es capaz de trasformar la crisis-oscuridad en algo que permita trascendernos.

 

La Navidad se convierte así en la celebración que nos recuerda nuestra luz interior, esa consciencia interior que es capaz de disipar sombras y crear algo nuevo.

 

 

Jesús símbolo de nuestra Esencia

 

Igualmente habría que profundizar para ver que hay detrás del símbolo de Jesús. Durante muchos siglos el personaje creado por la iglesia ha sido fuente de adoración y de inspiración para muchos… como el único Hijo de Dios, dando así nuestro poder y responsabilidad fuera. “Sólo Jesús nos podía salvar”.

 

Este mensaje ya deja de apelar a muchos porque hemos evolucionado colectivamente hasta el punto de empezar a ser conscientes de nosotros mismos, nuestra responsabilidad, nuestro potencial por descubrir... ya no hace falta que “otro” nos salve. El poder de transformación se halla en nuestro interior.

 

Volver a percibir el mensaje de Jesús desde su verdadera esencia, despojándolo de dogmas y añadidos históricos, nos permitirá volver a poner a Jesús en su lugar, el de un “maestro espiritual” que veía mucho más allá que la consciencia colectiva de la época.

 

A lo largo de la historia han sido numerosos los “maestros espirituales”  que habiendo encarnado físicamente, y estando conectados a lo más profundo de su interior, han recordado con sus palabras, su vida, su comprensión y su vibración, la esencia más profunda de lo que implica Ser Humano en su máxima expresión.

 

Todos estamos destinados de acuerdo a nuestra singularidad y nuestro ritmo, a manifestar ese estado de maestría que Jesús y ya otros hicieron. La figura de Jesús nos refleja y nos recuerda que el "reino de los cielos está en nuestro interior". La profundidad e inmensidad que nos aguarda es el potencial en nuestro interior que será el que dejará huella y transformará la realidad exterior.

 

 

La Navidad como celebración de nuestro potencial

 

Uniendo estos dos aspectos simbólicos: el nacimiento de la “luz” tras meses de “oscuridad” y el nacimiento de Jesús como maestro espiritual, permite ofrecer a la Navidad una dimensión más profunda que todavía es necesaria y merece ser celebrada. La Navidad es un recordatorio de nuestra naturaleza esencial, del nacimiento del potencial interior como individuos y como colectivo humano; es la herencia y el destino de la experiencia Humana.

 

El día en que vivamos entendiéndonos como seres espirituales teniendo una experiencia terrenal, la celebración de la Navidad caerá como las hojas de otoño y dejará de ser un recordatorio de lo que somos en esencia, para haber cumplido su función.

 

¡Felices fiestas!

 

Texto escrito por: Patricia Romero-Abreu Kaup

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